sábado, 20 de enero de 2018

Mediación, una alternativa necesaria granadahoy.com

TRIBUNA


ROSA AGUILAR
Consejera de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía

Los resultados acumulados en parcelas como la laboral, la mercantil o la del consumo avalan desde hace tiempo sus ventajas de la mediación

Mediación, una alternativa necesaria ROSELL
Mañana celebramos el Día Europeo de la Mediación, una efeméride que conmemora los primeros pasos dados hace 20 años por el Consejo de Europa para avanzar hacia la resolución de conflictos por medios que superasen el tradicional recurso a la vía judicial. Aquella recomendación inicial, concretada más tarde en directivas e incorporada a nuestra Ley de Enjuiciamiento Civil, es hoy un objetivo en todo el ámbito comunitario.
Dos décadas después la Junta de Andalucía mantiene vivo su firme compromiso con los principios que promovieron esa apuesta. Lo hace porque hoy, como entonces, sigue vigente el espíritu que inspiró su razón de ser: dos partes en conflicto y con pretensiones encontradas acuerdan voluntariamente que una tercera persona cualificada, imparcial y neutral les ayude a alcanzar por sí mismas un acuerdo sin necesidad de acudir a los tribunales. Hablamos pues de un sistema que antepone el diálogo y el encuentro, que invita a abandonar posiciones maximalistas que de otra forma conducirían a procesos con dilataciones innecesarias en el tiempo y en el que las partes participan activamente en el proceso. Los resultados acumulados en parcelas como la laboral, la mercantil o la del consumo avalan desde hace tiempo sus ventajas.
Se ha avanzado, pero queda mucho por recorrer. En Andalucía, como en el resto de España y de los países del sur de Europa, estamos aún lejos de sociedades como la escandinava, donde la cultura del acuerdo extrajudicial está asentada desde hace décadas. Coincidiendo con la reflexión que hizo el pasado octubre en Sevilla el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Lorenzo del Río, tenemos ante nosotros el reto de fomentar entre la sociedad un cambio de mentalidad para que permee la idea de que la mediación también es Justicia, de que forma parte de la tutela judicial efectiva y también de que un acuerdo alcanzado entre las propias partes, que éstas se comprometen a asumir, no tiene menos valor efectivo que la sentencia de un juez. Si somos capaces de extender entre los ciudadanos ese mensaje, el de anteponer el pacto al inicio de un pleito, contribuiremos también a reducir las altas tasas de litigiosidad acumuladas en España y, en particular, en Andalucía.
En esa tarea desde la Consejería de Justicia e Interior jugamos un papel fundamental en virtud de las competencias que ostentamos para el desarrollo y coordinación de instrumentos de mediación. Y dentro de nuestra estructura, la Fundación Mediara es la encargada de canalizar las iniciativas y campañas de difusión que fomentan entre la ciudadanía las ventajas de la resolución extrajudicial de conflictos. Durante el pasado 2017 dimos un importante paso adelante con la implantación y puesta en funcionamiento en 13 sedes judiciales de Andalucía de los primeros Puntos de Información de Mediación (Pimed), con la previsión de que se incrementen en una cifra similar a lo largo de 2018. Es en esos espacios, facilitados por la Consejería, donde las partes son asesoradas sobre la vía de la mediación por alguna de las más de 80 asociaciones o colegios profesionales que ya se han adherido al programa. En paralelo, la Fundación Mediara continúa con sus labores de divulgación organizando campañas y jornadas específicas de trabajo.
Todos esos esfuerzos y los resultados acumulados durante los últimos años nos animan a pensar que la mediación está llamada a avanzar a medio plazo de la excepción actual a un recurso habitual en el futuro. Sustituir el pleito ordinario por un acuerdo entre las partes no sólo hace ganar a la Administración de Justicia en rapidez y agilidad, sino que refuerza además valores tan necesarios en las sociedades modernas como son los del entendimiento y la participación activa en la resolución de conflictos.
Para alcanzar ese objetivo necesitamos de la colaboración de todos los actores implicados: autoridades judiciales convencidas de la idoneidad del mecanismo y que deriven hacia la mediación a los propios litigantes, colegios profesionales y entidades profesionales implicadas en las tareas de asesoramiento y, sobre todo, ciudadanos que asuman que la vía tradicional de acudir a juicio no es la única alternativa.
La mediación es Justicia, y es además Justicia moderna, participativa y síntoma de una ciudadanía capaz de mejorar por sí misma la convivencia haciendo uso de los instrumentos legales que tiene a su alcance. Su difusión e implantación es una tarea que nos implica a todas y a todos, misión en la que está plenamente comprometida la Junta de Andalucía.

viernes, 19 de enero de 2018

La revolución educativa será por amor, o no será elhuffingtonpost

MATTHEW PAUL ARGALL
Una palabra maldita
Cuando era adolescente discutí con una compañera de clase. Ella trataba de convencerme de que no había razones para preocuparse por el agujero de la capa de ozono. No había –y esto era lo que a mí más me irritaba– razones para el compromiso. No había necesidad de cambiar, no había necesidad de cuidar. Antes de que nos afectara a nosotras –me decía– los científicos le encontrarían arreglo. La tecnología, seguro, nos iba a sacar del entuerto.
Aquella conversación me vino a la mente casi treinta años después, al leer Mal de escuela, un libro, sobre todo, honesto, en el que Daniel Pennac narra sus días de estudiante y su experiencia como profesor: «Entre maestros está mal visto hablar de amor», recuerda. «Intentadlo y veréis, es como mencionar la soga en casa del ahorcado».Y qué razón tiene: basta con detenerse un poco a ojear las noticias y artículos relacionados con educación para darse cuenta de que el amor pincha poco y corta menos en esto de la «innovación educativa». Da igual lo profundo que sea el hoyo en que está metido nuestro sistema educativo, lo único que al parecer nos sacará del entuerto –esta vez también– son las competencias digitales, el flipped classroom, el desarrollo del talento y el ABP.
No es la primera vez que la tecnología –ese nuevo dios de una sociedad mecanizada– suplanta al amor en las vidas de los niños. En Europa y Estados Unidos, durante el periodo de entreguerras, muchos bebés recién nacidos terminaban en orfanatos e instituciones benéficas. Casi todos morían en su primer año, por causas que se atribuyeron primero a la malnutrición y más tarde a las infecciones. En los hospitales y orfanatos se implementaron entonces medidas higiénicas para evitar contagios, entre ellas la de aislar a los niños en cubículos y no tocarlos más que lo estrictamente necesario.
Pero a pesar de que su alimentación era buena y su higiene rigurosa, los bebés y niños seguían enfermando y muriendo. Un pediatra llamado Harry Bakwin, basándose en sus observaciones y su intuición, decidió cambiar estas prácticas. Sustituyó los letreros que solicitaban al personal sanitario que se lavara las manos antes de entrar en la planta infantil por indicaciones como esta: «No entre en la guardería sin tomar en brazos a un bebé». De inmediato, las tasas de infección comenzaron a bajar (1).
Bakwin había sido capaz de empatizar con una necesidad profunda de los bebés y de los niños: la conexión emocional con otro ser humano expresada a través del contacto físico, de las caricias y las sonrisas. Algo que, en el caso de una criatura, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Ningún médico de aquella época hubiera imaginado siquiera que una situación de estrés crónico podría debilitar nuestro sistema inmunitario y conducir a la muerte (2) . Pero así era: en los orfanatos y los hospitales, los bebés, sin amor, morían de tristeza.
En ese entonces, los niños y niñas no tenían la consideración de «personas», y por eso no se creía que el trato que recibieran por parte de los adultos fuera determinante en su desarrollo. A mediados del siglo XX, la psicología aún giraba en torno a dos visiones enfrentadas: la teoría de los impulsos de Freud y el conductismo. Ninguna de ellas daba demasiada importancia a las relaciones humanas. Y fue en este contexto tan hostil en el que un psicólogo llamado Harry Harlow se propuso dejar bien claro lo importante que es el amor.
MIKE PRINCE
Harlow, en su laboratorio de primates de la Universidad de Wisconsin, estaba tratando de poner coto a las infecciones que diezmaban su comunidad de monos Rhesus. Llegó a una solución muy sencilla: aislar a los monitos en jaulas individuales de alambre desde recién nacidos. Pero se dio cuenta de que solo sobrevivían aquellas crías cuyas jaulas estaban recubiertas de una tela acolchada, una tela a la que los monitos se aferraban como si, literalmente, les fuera la vida en ello.
Entonces Harlow decidió diseñar un experimento que iba a revolucionar la psicología de las relaciones madre-cría. Construyó una muñeca de alambre del mismo tamaño que una hembra Rhesus, a la que le acopló un biberón con leche. Colocó estas «madres de alambre» en algunas de las jaulas, junto con una cría. En las demás jaulas colocó una muñeca de alambre forrada de tela acolchada, y sin biberón.
Lo que pudieron ver Harlow y sus ayudantes habría sido inconcebible para muchos hasta ese momento: los bebés Rhesus que habían sido separados de su madre biológica preferían siempre (sobre todo cuando estaban asustados) la cercanía de la «madre» sustitutoria forrada de tela, aunque no les proporcionara alimento, frente a la «madre» que les suministraba leche pero estaba fabricada solo de alambre. Las crías de mono (seguramente igual que las humanas) preferían el calor y la suavidad al alimento. Es decir, preferían el amor. Y lo preferían porque sin ese «amor» enloquecían.
Cuando los pediatras de principios del siglo XX, como Harlow más tarde, quisieron hacer sobrevivir a los bebés aplicando a rajatabla una serie de principios científicos y técnicos fracasaron estrepitosamente. Fracasaron porque, sumidos en su «metodolatría» (3), no alcanzaban a entender qué era lo que de verdad necesitaban esos niños y niñas. En aquel fracaso no puedo evitar ver reminiscencias de lo que está sucediendo hoy en nuestras escuelas, en donde las condiciones de control higiénico del aprendizaje (exámenes, horarios, asignaturas, deberes, burocracia...) son máximas, y sin embargo hay algo que se va apagando poco a poco hasta morir.
De amor, humor y aprendizaje
¿Qué pasaría si los planes de estudios dejaran de ser listados de conocimientos teóricos y estuvieran pensados para fomentar la experiencia de relacionarnos con otras personas, con las ideas y los objetos, con la naturaleza, desde una actitud de cuidado? Para Nel Noddings, una filósofa y educadora feminista que ha aplicado la ética del cuidado a la educación, las escuelas no han de entenderse como dispensadores de conocimiento e información, sino como lugares donde se dan las relaciones nutritivas que son necesarias para que se produzca el aprendizaje. Porque lo cierto es que esa actitud de cuidado, de atención, es esencial para desarrollar la curiosidad que nos impulsa a descubrir y entender el mundo que nos rodea.
Nos demos cuenta de ello o no, la escuela transmite mucho más que conocimientos: transmite, aunque de forma invisible, una serie de valores y de actitudes que conforman las identidades individuales de los estudiantes y moldean su forma de pensar, de sentir y de actuar. Esas actitudes vitales no se aprenden de los libros de texto, sino en la relación con otras personas. Una relación que en la escuela no es libre sino que está mediada por las estructuras y dinámicas escolares, que por lo general favorecen el conformismo, la pasividad, la obediencia, la competitividad y el individualismo.
Olvidamos muy pronto la mayor parte de la información que aprendimos mecánicamente, año tras año, en la escuela. En cambio, lo que aprendemos por medio de nuestras relaciones con otras personas, de manera vivencial, en un intercambio social y afectivo, permanece con nosotras de por vida. «El amor, o su ausencia, transforma la mente infantil para siempre», declaran los psiquiatras Lewis, Amini y Lannon recordando los experimentos de Harlow (4). En la misma línea habla el neuropsicólogo Richard Davidson: «Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud». Si estamos dispuestas a asumir que existe una relación crucial entre el amor y el desarrollo cerebral, ¿cómo habrían de ser las relaciones en la escuela para favorecer esa actividad mental, pero también social, que es el aprendizaje? Meredith Small, una de las voces más destacadas de una nueva disciplina conocida como etnopediatría, no tiene dudas al respecto: «Lo que importa de verdad no es si un niño de tres años está aprendiendo los colores y a leer, sino ¿lo abraza su maestra?».
El amor deja una huella imborrable en los procesos cognitivos ya desde nuestras primeras experiencias afectivas, porque las conexiones neuronales se construyen en gran medida por medio de la interacción social, de la relación con otras personas. John Bowlby fue uno de los pioneros en investigar cómo el apego emocional entre una madre y su bebé puede afectar al comportamiento y la personalidad de un niño. Solo cuando un bebé ha desarrollado un vínculo afectivo seguro es capaz de invertir su atención en explorar y descubrir el entorno: cuando siente miedo, deja de explorar y regresa corriendo junto a su «figura de apego» (su madre, normalmente).
En el momento en que su figura de apego se acerca a él o lo abraza, tranquilizándolo, la actividad exploratoria puede reanudarse (5). Pero esto no le sucede solo a los bebés: en su libro Aprender en libertad, Peter Gray nos recuerda que la ansiedad y el estrés ponen coto a la creatividad y la búsqueda de soluciones alternativas, e inhiben el aprendizaje en niños y también en adultos. El distrés (el estrés que está asociado a la ansiedad y que nos resulta desagradable) tiene un efecto negativo sobre nuestra inteligencia emocional, sobre nuestras relaciones y nuestra capacidad para tomar decisiones. Nos vuelve idiotas. De ello es fácil deducir que el clima emocional en la escuela, y en el aula, tiene mucho que ver con la capacidad de los estudiantes para salir de su zona de confort: cuanto más seguros se sientan a nivel emocional, más firmes serán sus pasos en ese territorio desconocido y novedoso por el que discurre el aprendizaje.
DAVID GOEHRIN
uando los estudiantes perciben que su relación con el profesorado está basada en el respeto y el diálogo, sus resultados académicos mejoran (6). Pero esta percepción, más que de unas prácticas pedagógicas predeterminadas, depende del propio docente: de su entusiasmo, de su cercanía emocional, de su capacidad para reconocer sus propios errores, de su confianza en los estudiantes, de su sentido del humor... (7). Algunos de estos rasgos, en realidad, se corresponden con un estado de ánimo «lúdico», un estado mental alerta y activo pero no estresado –el mismo que tenemos cuando nos sumergimos en el juego libre– que es el que más favorece el aprendizaje, como explica Peter Gray. ¿Podría ser que los estudiantes, sin saberlo, imiten la actitud lúdica del docente? ¿O es sencillamente que los profes que confían en sus alumnos logran a su vez que los chicos y chicas confíen en sí mismos y en sus capacidades? Quizá ambas cosas.

Cómo nos vemos y cómo nos comportamos tiene mucho que ver con cómo nos ven y qué esperan de nosotras las demás personas. Ya en los bebés, un gesto de desaprobación de la madre puede desencadenar la producción de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol, que ponen fin a la secreción de las placenteras endorfinas. En los años sesenta, los psicólogos Rosenthal y Jacobson quisieron averiguar si las primeras impresiones que se hacen los docentes de sus estudiantes tienen algún efecto sobre el rendimiento posterior de los chicos. En su estudio descubrieron lo que se ha llamado el «efecto Pigmalión»: cuanto mayores eran las expectativas que el docente tenía de un estudiante –es decir,cuanto más confiaba en él o ella– mejores eran sus resultados. Como si se tratara de una «profecía autocumplida», los estudiantes se comportaban de acuerdo a esas expectativas. En los últimos años, este efecto misterioso se ha podido comprender mejor con el descubrimiento de las neuronas espejo (implicadas en el aprendizaje por imitación y en emociones como la empatía) y gracias a la teoría de la resonancia límbica, propuesta por Lewis, Amini y Lannon, que plantea que el sistema límbico de nuestro cerebro nos confiere a los mamíferos la capacidad de entrar en sintonía, de vibrar con el estado emocional de otro. Pero las emociones, además de ser contagiosas, son también el motor de nuestra conducta y pueden cambiar el rumbo de nuestra vida, porque las decisiones no se toman solo con la cabeza, sino sobre todo con el corazón (8).

Albert Camus creció en un barrio obrero de Argel. Su padre había muerto cuando él tenía solo once meses, y su madre –pobre, sordomuda y analfabeta– tuvo que criarlo con la única ayuda de una abuela poco dada a sensiblerías. A simple vista nadie podría haber presagiado el brillante futuro que le esperaba a ese chico salido de los arrabales. Pero cuando a sus cuarenta y cuatro años recibió el Premio Nobel de Literatura, Camus escribió una carta. Era una carta de agradecimiento: «Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, no hubiera sucedido nada de esto». Dirigía estas palabras a Louis Germain, el maestro de escuela que tanto había confiado en él y le había ayudado a abrirse camino. La respuesta del Señor Germain fue humilde y llena de ternura: «El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y estas se presentan constantemente».
WIKIMEDIA COMMONS
La práctica del amor
Como seguramente sabía Louis Germain, solo se puede amar lo que se conoce. Amar es prestar atención. Observar. Escuchar. Al atender a otra persona con todos nuestros sentidos, en nuestro cerebro se activan las mismas neuronas que en el suyo. Nos transformamos mutuamente.
La filósofa Simone Weil consideraba la atención como un rasgo esencial del amor. «Cuando mi actitud es de cuidado, escucho, veo o siento de verdad lo que la otra persona intenta transmitirme», nos dice Noddings, para quien la receptividad y la atención son la base de una actitud de cuidado. El biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana añade: «Amar implica ver al otro, escuchar al otro o a la otra». Y esto tiene una implicación directa en la educación: «Amar educa. Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas y nos damos tiempo para estar allí con el niño o niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable que va a escoger desde sí. El poder escoger lo que se hace, el poder escoger si uno quiere lo que escogió o no, ¿quiero hacer lo que digo que quiero hacer?, ¿me gusta estar donde estoy?", son algunas de las preguntas que aparecen» (9).
ETERNITY PORTIFOLIO
Esas características de un espacio educativo que menciona Maturana se asemejan mucho a los tres rasgos que para Carl Rogers, uno de los creadores de la psicología humanista, conforman una relación de ayuda o de cuidado: la aceptación, la autenticidad y la empatía. Es el sentirnos aceptadas en una relación lo que nos da seguridad y nos permite descubrir y expresar todo nuestro potencial. Pero ¿qué significa «aceptar»? Aceptamos a los niños y niñas cuando los miramos sin juzgarlos, poniéndonos en su lugar desde la empatía, sin esperar que sean como querríamos que fueran, sin tratar de conducir ni condicionar su comportamiento a base de castigos y premios, de amenazas y chantajes. Pero para ello antes hemos tenido que aceptarnos a nosotras, tomar contacto con nuestras propias necesidades y ser capaces de entablar relación con los chicos y chicas desde la autenticidad, sin artificio, reconociendo y aceptando nuestras propias emociones, errores y contradicciones, sean cuales sean. Noddings recoge también este papel central de la aceptación (o «confirmación», como ella la llama) en el proceso educativo, e insiste en que para relacionarnos así con los estudiantes no podemos seguir una fórmula, una receta. La aceptación del otro necesita de la confianza, y la confianza surge solo en una relación continuada en el tiempo. Pero el tiempo es precisamente una de las cosas más importantes que nuestro sistema educativo escatima a estudiantes y docentes.

En un sistema directivo, con ratios en alza y que raciona el tiempo, los profesores no tienen oportunidad de establecer una relación duradera con los estudiantes y no llegan a conocerlos; no les queda más remedio que seguir un método, unas pautas preestablecidas que ahorren tiempo y den apariencia de eficiencia y control. El resultado es que, sin darse cuenta, el docente deshumaniza a los alumnos, porque las circunstancias particulares de estos y su individualidad se desdibujan, y no hay posibilidad de vincularse emocionalmente con ellos. «En la enseñanza y en la administración desarrollamos toda clase de procedimientos de evaluación, de manera que la persona vuelve a percibirse como un objeto. Creo que de esta manera nos impedimos a nosotras mismas experimentar el cuidado y la empatía que existiría si reconociéramos que es una relación entre dos personas», nos dice Rogers.

Hoy en día, a pesar de que la democratización del conocimiento esté haciendo mella en la autoridad del «experto», seguimos dando la espalda a nuestra intuición y a nuestras emociones, y preferimos muchas veces aferrarnos a un método que nos evite enfrentarnos a la inseguridad. Sin embargo, aplicar un método de forma sistemática, por muy buenas que sean nuestras intenciones, es caer en una trampa, como apunta Rogers: «Vemos indicios de esto en la actitud de algunos padres y madres sofisticados que saben que el afecto "es bueno" para su hijo. Este conocimiento a menudo les impide ser ellos mismos, actuar libremente, de forma espontánea... siendo cariñosos, o no». Y añade, como crítica al cientificismo: «Si sabemos todo acerca de cómo se produce el aprendizaje, usaremos ese conocimiento para manipular a la gente». Es decir, para controlarla.

Esto es lo que ocurre, sin ir más lejos, cuando nos valemos del espíritu de juego de los niños para introducir los contenidos que prescribe el currículum y lo llamamos «aprender jugando», desvirtuando así el verdadero sentido del juego libre. O cuando utilizamos el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como una metodología que nos facilita la tarea de forzar el aprendizaje, en lugar de como una herramienta que nos ha de llevar a transformar las relaciones de poder en la escuela, y a devolver a los chicos y chicas la iniciativa y la capacidad crítica.

En este afán de control reside uno de los mayores problemas de nuestro sistema educativo. Las condiciones de control que impone el sistema en relación con el aprendizaje pretenden conducir a los niños y niñas por un camino prefijado hacia la adquisición de conocimientos. El sistema se convierte así en un «tratamiento» de aplicación masiva contra la supuesta ignorancia de los niños. Pero sabemos de sobra que determinados medicamentos producen efectos secundarios iatrogénicos, efectos secundarios imprevistos e indeseados. En nuestras escuelas, ese efecto secundario no contemplado –que puede durar de por vida– es el rechazo, el odio incluso, hacia aquello que se nos ha obligado a aprender por la fuerza.

Solo hay un antídoto contra el odio, y es el amor. Pero nadie puede obligarnos a amar, ni el amor se aprende por obligación. El amor solo puede ofrecerse desde la libertad y, como afirmaba Erich Fromm (10), cuando amamos queremos la libertad del otro. Frente a la vorágine publicitaria que nos vende la libertad como garantía de felicidad, Rogers nos explica que una persona libre no equivale a una persona feliz: una persona libre será probablemente una persona creativa, abierta al mundo, pero no necesariamente «adaptada» a su cultura, «y desde luego no será conformista». Quizá la libertad, en realidad, haga a una persona más proclive a la infelicidad, a la indignación o la rabia ante la injusticia: «En determinadas situaciones sociales es posible que sea muy infeliz, pero seguirá avanzando para ser ella misma».

La infelicidad y el inconformismo son una respuesta saludable a un estado de cosas que sentimos la necesidad de cambiar, y este anhelo de hacer del mundo un lugar mejor entraña en el fondo un elemento de cuidado, de ternura: la revolución es en esencia un acto de amor (11). En los países occidentales y occidentalizados nuestros hijos e hijas pasan la mayor parte de su infancia a cargo de profesionales que no pueden verlos, ni escucharlos, ni conocerlos. Los padres y madres tienen poco tiempo y poca paciencia. Están estresados, o no están. Y la escuela –ese «almacén de niños», como tan bien la describió Michael Ende en Momo– va cobrando un parecido siniestro con aquella madre de alambre en cuya compañía los monitos de Harlow languidecían. En las jaulas que llamamos aulas, algo seguirá muriendo poco a poco mientras no nos hagamos eco de la misma idea que Harlow proclamaba a los cuatro vientos: que la calidad de nuestras relaciones nos marca desde el primer hasta el último día de nuestras vidas. Y que solo recuperando y habitando esa palabra maldita, amor, conseguiremos de verdad transformar la educación.

Nota de la autora

Con muchas dudas decidí hablar de los experimentos de Harry Harlow en este artículo. Experimentos que causaron un sufrimiento espantoso a decenas de animales indefensos. Sin embargo –y sin dejar de reivindicar un tratamiento ético para los animales de laboratorio en nuestros días– creo que para que ese sufrimiento no haya sido en vano es necesario que se conozcan estas investigaciones y que aprendamos todo lo que, desde una visión crítica pero informada, podemos aprender de ellas.

Descubierto un tipo de análisis de sangre que detecta ocho tipos comunes de cáncer elhuffingtonpost

El de ovario, hígado, estómago, páncreas, esófago, colorrectal, pulmón y mama.


AFP/GETTY IMAGES
Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado un análisis de sangre no invasivo que podría permitir la detección temprana de ocho tipos comunes de cáncer, según un artículo de Science.
Este hallazgo, basado en un análisis combinado de ADN y proteínas, es el resultado del trabajo de un equipo liderado por Joshua Cohen, del Centro Ludwig de Investigación del Cáncer, en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, Baltimore (EEUU).
El diagnóstico del cáncer antes de que se produzca metástasis es una de las claves para reducir las muertes por estas enfermedades en el futuro, asegura Science.
Este nuevo método de diagnóstico está en principio diseñado para tratar de detectar el cáncer de ovario, hígado, estómago, páncreas, esófago, colorrectal, pulmón y mama.
En concreto, CancerSEEK, como se ha denominado a esta prueba, analiza mutaciones en 16 genes que están vinculadas a distintos tumores, así como 10 biomarcadores de proteínas circulantes en sangre.
Los investigadores han estudiado un total de 1.005 pacientes que habían sido diagnosticados con ocho tipos comunes de cáncer pre-metastásico en base a los síntomas de la enfermedad. En el trabajo también se ha incluido el estudio de 850 individuos sanos.
Así, los científicos lograron que el test detectara cáncer en el millar de pacientes con una sensibilidad de entre el 69% y el 98%, dependiendo del tipo de tumor. Además, constataron que la probabilidad de que una persona sana reciba un falso positivo "es muy baja".
Para los responsables de este trabajo, el objetivo final de CancerSEEK es detectar el cáncer aún antes de que la enfermedad sea sintomática.
Los científicos estiman que el costo de este examen de sangre único podría ser inferior a los 500 dólares (408 euros), lo que supone una cuantía comparable o menor que algunas de las pruebas de revisión actuales, como la colonoscopia para el cáncer de colon.

Leer la letra pequeña granadahoy.com

TRIBUNA


VICENTE MARTÍNEZ
Abogado

En España, según cálculos de las asociaciones de afectados, cerca de 60.000 familias están perjudicadas por el asunto de las hipotecas multidivisas

Leer la letra pequeña ROSELL
El mercado inmobiliario en España ha pasado de estar prácticamente parado durante los años posteriores al estallido de la burbuja, a coger velocidad de crucero en este último periodo. Las últimas cifras del sector apuntan a que 2017 ha vuelto a ser un año récord en inversiones.
En este sentido, los últimos datos ofrecidos por el Consejo General del Notariado sobre la compraventa de viviendas han revelado que en el segundo trimestre de 2017 las operaciones crecieron un 14,2% en relación al mismo periodo de 2016, hasta superar las 142.000 transacciones. Y aunque el número de nuevos préstamos hipotecarios realizados en el segundo trimestre retrocedió un 2,4% respecto al mismo periodo de 2016, la tendencia es que el número de hipotecas firmadas siga aumentando.
En este contexto, y con la reforma de la Ley Hipotecaria ya aprobada, el consumidor que contrata un nuevo préstamo hipotecario debe poner su máxima atención en todas las cláusulas que firme. El pasado mes de noviembre, el Tribunal Supremo dictaminó la nulidad parcial de una hipoteca multidivisa por la falta de transparencia al comercializarse, al entender que la entidad no detalló debidamente a su cliente los riesgos que asumía. Esta decisión, que sienta jurisprudencia, obligará a los bancos a devolver el dinero cobrado de más. El tribunal también consideró que, en la gran mayoría de los casos, las cláusulas multidivisas no han sido negociadas entre el cliente y el banco, por lo que deben ser examinadas conforme a la normativa europea de cláusulas abusivas.
Una vez más, los tribunales dan la razón a los consumidores y se la quitan a la entidades bancarias tras los problemas generados con las cláusulas suelo y los gastos de hipoteca. En el caso de las hipotecas multidivisas, se contrataban en euros y sus cuotas de amortización y capital se calculaban en divisas extranjeras, generalmente yenes y francos suizos. Sin embargo, si la moneda única se devaluaba las cuotas se incrementaban, lo que generaba un perjuicio económico al hipotecado. De estas hipotecas, un 46% es en yenes y un 52% en francos suizos, monedas que se apreciaron significativamente durante la crisis, por lo que los bancos acumularon un total de 13.160 millones de euros en préstamos en divisas. Además, estas hipotecas no suelen estar referenciadas al Euríbor (el índice más común entre las entidades bancarias de nuestro país), sino al Líbor (tasa de interés intercambiable del mercado de Londres).
Las entidades financieras ofrecieron las hipotecas multidivisas a todo tipo de clientes, sin tener en cuenta que se trataba de un producto complejo. Al tratarse de cláusulas esenciales del contrato, existe un especial deber de transparencia sobre ellas, lo que exige a los bancos a "facilitar a los prestatarios la información suficiente para que éstos comprendan no solo su contenido formal y gramatical, sino también su alcance concreto y puedan tomar decisiones fundadas y prudentes", según concluyó el criterio del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) el pasado 20 de septiembre.
Por tanto, son consumidores afectados todos aquellos que no contaban con la cualificación adecuada y no fueron suficientemente informados de los riesgos que implicaba su contratación. En España, según cálculos de las asociaciones de afectados, cerca de 60.000 familias están perjudicadas por este asunto. Los últimos datos facilitados por Asufin cifran en 200.000 euros la cantidad media perdida.
Desde que se acabó la libertad de los bancos para poner cláusulas abusivas a los consumidores, la banca está perdiendo prácticamente la totalidad de los juicios por estos motivos. Los consumidores no paran de reclamar y aunque los juzgados están colapsados, los magistrados están fallando a favor de los afectados. Después de todos los hechos acontecidos entre la banca y los consumidores, los afectados deben seguir ejerciendo su derecho a reclamar a los bancos lo que es suyo. Además, en el caso de las multidivisas el plazo para reclamar es imprescriptible, lo que significa que incluso beneficia a las hipotecas canceladas o ejecutadas. La actitud de la banca durante todos los procesos no ha sido muy colaborativa, y aunque las sentencias ganadas signifiquen un paso importante para que los bancos no repitan su mala praxis es difícil su desaparición, por ello la única opción que queda es la reclamación por vía legal.

Un estudio científico reconstruye el clima en la Península de los últimos 700 años granadahoy.com

Presentación de la campaña de sensibilización. / J. ALGARRA

La Universidad de Granada ha participado en un estudio que a realizado la reconstrucción más precisa del clima de la península Ibérica de los últimos 700 años, investigación que ha permitido conocer la evolución del calentamiento climático peninsular desde el año 1300. El trabajo en el que ha participado ha revelado que la "pequeña edad de hielo" se ha alargado por la Península Ibérica de 1300 a 1850. Los resultados del estudio han puesto de manifiesto la acentuada variabilidad climática durante ese periodo y evidencian la alternancia de fases frías y cálidas. La investigación ha presentado la síntesis más precisa hasta ahora de la evolución del clima peninsular durante los últimos setecientos años y se ha basado en el análisis de diversas fuentes históricas y registros naturales.
En el estudio han participado investigadores del Servicio Meteorológico de Cataluña, el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almería, el Instituto Pirenaico de Ecología, la Universidad de Oviedo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, la Universidad de Zaragoza, entre otros.
Una de las principales novedades ha sido demostrar la elevada variabilidad del clima durante esta fase con eventos climáticos como olas de frío, nevadas, sequías o inundaciones. Asimismo los investigadores han informado que se trataba de un período más frío que el actual, pero no que había tanta variabilidad, ni episodios tan extremos.

jueves, 18 de enero de 2018

10 claves para superar la hipocondría elhuffingtonpost

PEXELS
Ser hipocondríaco es manifestar una extrema preocupación, miedo o incluso la falsa convicción de padecer una enfermedad grave. Todo ello a partir de interpretar erróneamente ciertas sensaciones o señales físicas en el cuerpo; por ejemplo, lunares, pequeñas heridas, rojeces, tos, los propios latidos del corazón, movimientos involuntarios de algún músculo... En definitiva: cualquier percepción fisiológica sobredimensionada. Si el médico asegura que no encuentra nada, la persona solamente se queda tranquila un rato, pero el desasosiego regresa al poco tiempo, dándole vueltas sin parar.
Si te sientes identificado con la descripción anterior, deberías saber qué te pasa. El origen está en cómo descifras de manera catastrófica las señales corporales. Ese es el mecanismo por el que se dispara la hipocondría. Ahora bien, qué pone en marcha ese mecanismo es complicado de determinar. En psicología clínica sabemos que este problema afecta a menudo a miembros de una misma familia. Hay personas más sensibles que además tienen una conducta más afligida y obsesiva, con lo cual exageran o malinterpretan la enfermedad en todos los ámbitos de la vida.
Si eres hipocondríaco, es muy probable que tengas terror a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la debilidad y que te resulte insoportable depender físicamente de otros
Recordemos que los comportamientos se aprenden, se imitan, por lo general inconscientemente. Así, en ciertas reuniones familiares no se habla más que de enfermedades, comentando si Fulanito está bien o mal, qué padece este o el otro... Se vive con muchísima angustia cualquier malestar físico, haciéndolo tremendo e insalvable. En esos casos podemos asegurar que esa familia ha crecido deformando la realidad según su preferencia a malinterpretar cualquier anomalía corporal, entendiendo por anomalía un simple estornudo o un fuerte dolor de cabeza.
Algunas hipótesis relacionan esta tendencia a una predisposición genética, aunque lo verdaderamente importante no es saber por qué se reacciona así, sino encontrar una solución. Porque si eres hipocondríaco, es muy probable que tengas terror a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la debilidad y que te resulte insoportable depender físicamente de otros.
Como en el fondo desean afirmar "¿ves?, ¡ya lo sabía yo!", se empeñan en "ir en busca" de cualquier indicio que corrobore su mal augurio. Por eso, ante la más mínima señal, que para cualquier persona pasaría inadvertida, el hipocondríaco dispara todas las alarmas y entonces se da el círculo vicioso: la ansiedad es tan potente que provoca realmente alguna dolencia. Es decir, si antes no existía nada, o apenas había un ligero malestar, ya ha aumentado como consecuencia de la angustia y el estrés.
Lo fisiológico y lo psicológico no son realidades separadas, son un todo único y se retroalimentan.
Este tipo de personas lo pasa muy mal, pues es terrible creerse enfermo, padecer sensaciones "de verdad" y que la gente de tu entorno te consuele con un "pero si no te pasa nada", "todo es psicológico", "relájate". Porque cuando alguien te dice que lo que tienes es psicosomático, más o menos te está llamando cuentista, pese a tus sensaciones tangibles. Para ti realmente es todo menos cuento, y es cierto, ya que los procesos psicológicos tienen una relación directa con el cuerpo y el dolor. Las enfermedades psicosomáticas se manifiestan verdaderamente, aunque los procesos que las desencadenan sean psicológicos y no se correspondan con un origen físico. En definitiva: lo fisiológico y lo psicológico no son realidades separadas, son un todo único y se retroalimentan.
Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston proponen estas diez claves para afrontar el pánico a enfermar:
  1. Recuerda que las sensaciones corporales que experimentas cuando te agobias son las reacciones normales del estrés en su forma más exagerada. Son eso y nada más. No te dejes llevar por pensamientos catastrofistas.
  2. Estas sensaciones no son en absoluto perjudiciales ni peligrosas. Son únicamente muy desagradables. No sucederá nada peor. Puedes aguantarlo perfectamente, tu cuerpo está preparado para experimentar estrés en millones de ocasiones. Eres fuerte.
  3. Corta de raíz los pensamientos reincidentes sobre lo que está sucediendo. Si les das importancia, aumentara el pánico. Son solo emociones, y, como tales, se pasarán.
  4. Observa tu cuerpo justamente ahora, en este momento, y no te imagines lo que temas que pueda suceder. Centra tu atención en "aquí y ahora mismo no me pasa nada".
  5. Dale tiempo al miedo para que se vaya. No luches contra él, ni te fuerces a que desaparezca rápidamente. Simplemente respira, espera y deja que se retire poco a poco.
  6. Comprueba que cuando dejas de añadir pensamientos atemorizantes, el miedo se atenúa, se aburre y se va por sí solo.
  7. Recuerda que el objetivo es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo, por lo tanto, cada ataque es una oportunidad para progresar.
  8. Piensa en cuánto has avanzado a pesar de todas las dificultades, y anticipa la sensación de haberlo superado una vez más.
  9. Cuando comiences a sentirte algo mejor, mira a tu alrededor y planea qué vas a hacer después: llamar a alguien para contárselo, comerte un helado, dar un paseo...
  10. Cuando retomes lo que estabas haciendo, hazlo de forma relajada, siendo consciente del obstáculo que acabas de saltar. Y felicítate por ello. Después, con calma, en tu casa, analiza lo que más te ha ayudado, para echar mano de ello en la próxima ocasión (si es que hay una próxima, claro).
Es muy importante que trabajes con la certeza de que si sigues enfrentándote así a la hipocondría, al final lo superarás. No hay duda. Empieza por asumir la posibilidad de que tu cuerpo enferme, es ley de vida, pero también ten en cuenta que el cuerpo es la manifestación de muchas cosas, positivas y negativas, y gran parte mentales. Cuídalo y obsérvalo, pero sin obsesionarte. La naturaleza es sabia, y no conviene adelantarse a ella.
Centra tu atención en tu propósito de no exagerar en ese sentido y seguro que lo conseguirás.

"Sólo hay una manera de nutrirse y mil de alimentarse" granadahoy.com

"Sólo hay una manera de nutrirse y mil de alimentarse" ÁLEX CÁMARA

ÁNGEL GIL, PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN IBEROAMERICANA DE NUTRICIÓN

-La leche. Ahora parece que no es tan mala...
-Nunca ha sido mala. Hay una serie de leyendas urbanas que hacen que el consumo disminuya. En España ha caído alrededor de un 27%. Los requerimientos de calcio y de otros micronutrientres como cinc, yodo, vitamina A... los cubrimos en gran medida con productos lácteos. La leche, consumida en cantidades adecuadas, es buena.
-Y esas leyendas, ¿de dónde vienen?
-Hay una moda de, digamos, lo vegetariano, y se consumen bebidas vegetales que la gente normal las llama leches de... La Unión Europea ha prohibido que se las llame leches. La calidad de la proteína es mucho menor. Esas bebidas, además, están edulcoradas con sacarosa. También se han generado unos falsos mitos en relación a la posible alerginicidad e intolerancia. Es cierto que algunos niños, entre el 1% y el 3%, pueden desarrollar alergias, pero el 90% a los 3 años de vida ya no la tienen. En cuanto a la intolerancia, hay un porcentaje que puede tenerlo, pero alguien con intolerancia a la lactosa puede tomar productos lácteos.
EL 60% DE LA POBLACIÓN ADULTA NO CUBRE LOS REQUERIMIENTOS DIETÉTICOS DE CALCIO"
-¿Qué supone que caiga el consumo de leche?
-Hemos publicado un estudio dentro de un proyecto nacional, Anibes, que detalla que el 60% de la población adulta no cubre los requerimientos dietéticos de calcio. En los niños es casi un 20%. Tomando productos lácteos es muy fácil conseguir esos requerimientos.
-¿Cómo se puede cambiar esa tendencia?
-La campaña de Inlac, la interprofesional del lácteo, ha solicitado un proyecto a Europa para que a través de un comité científico independiente se haga llegar a la población las bondades de los lácteos. La UE ha puesto recursos para ayudar al consumo. El consumo de tres raciones de productos lácteos se asocia a la salud y en el caso de España, al crecimiento. Nosotros comenzamos a tomar lácteos en una cantidad más cercana a los requerimientos en los años 60. Se logró una tercera parte del litro en los 90, ahora estamos en los 220 mililitros...
-Siempre se sospecha de la ciencia cuando da la razón a las empresas...
-La exigencia de la UE a la Inlac era que había que crear un comité de científicos independientes, del que soy presidente, y dentro hay profesionales de atención primaria, gerontólogos, pediatras, nutricionistas, nutriólogos... profesionales que están recopilando información basada en criterios científicos, no en opiniones.
-Todos tenemos un entrenador y un nutricionlista dentro...
-Cuando hablo de estos temas no hablo de opiniones personales. Hablo de documentación científica que ha sido revisada. Hay un boom de sistemas de comunicación, cualquiera puede opinar y desafortunadamente la población no tiene dónde agarrarse... No hay que tomar mucho, pero lo que no puede ser es que descendamos el consumo por debajo de lo que teníamos en los años 80. Esto puede tener consecuencias negativas para nuestra salud.
-Se alega que hay países o culturas en las que no se consume leche...
-Hay mil formas de alimentarse pero sólo una de nutrirse, que es la de cubrir los requerimientos. Siempre pongo el ejemplo de los mayas. Machacan el maíz con unas piedras que tienen carbonato cálcico y así incorporan el calcio al maíz. Es un calcio mineral.
-Ningún otro mamífero toma leche...
-El hombre es el único que cocina los alimentos, el único que utiza teléfonos... En España, el aumento de la talla en los últimos 30 años del siglo pasado se asocia al consumo de alimentos con alta calidad proteica, la leche y la carne. Básicamente el hambre la solventamos en los años 60 y 70, al menos a nivel general, y ahora nos preocupamos por alimentos que den calidad de vida. Dentro de esa alimentación moderada y diversificada entran los lácteos.
-Ha hablado de hambre, ahora está el otro reto, la obesidad...
-Que es otra forma de malnutrición, por exceso.
-¿Se está legislando de forma adecuada?
-España ha sido pionera en el establecimiento de una estrategia contra la obesidad, pero en salud pública, cuando hay problema, todos somos parte del problema y todos tenemos que ser parte de la solución. Hay que facilitar educación nutricional a los padres, en las escuelas, hay que mejorar los catering en los colegios, las posibilidades de desplazarnos por otros medios... Hay que darle una vuelta importante al sistema.
-No conozco ningún padre que no esté de acuerdo con eso. El problema está en la Administración.
-Hay que dar un salto cualitativo para exigir que las industrias den unos productos adecuados. Y la Administración tiene que poner los recursos necesarios.