lunes, 16 de diciembre de 2013

Recuperación histórica de un gran escultor granadahoy.com

El Museo de Bellas Artes del Palacio de Carlos V y la Fundación Rodríguez Acosta recogen la muestra de este artista con el que ahora la ciudad cumple su deuda
BERNARDO PALOMO 
1. Aunque no nació en Granada, la ciudad que recoge ahora su muestra homenaje, él se consideró siempre granadino. 2. la característica principal de Juan Cristobal es su gran clasicismo. 3. El artista fue un escultor sabio y poderoso.
Me parece absolutamente necesaria esta exposición en una Granada que ha tenido recuerdos especiales par algunos de sus más ilustres artistas y, en cambio, ha sido madrastra olvidadiza para otros muchos. Aunque no nació en Granada -lo hizo en el pueblo almeriense de Ohanes-, Juan González Quesada, Juan Cristóbal para el arte, se consideró siempre granadino total, de hecho y de corazón. Su completísima carrera y su poderosa realidad escultórica lo hacen digno de estar entre lo más selecto del arte de esta ciudad y merecedor de una gran exposición antológica tan justa como la que nos ocupa. 

La muestra, afortunadamente, ha sido comisariada por uno de los más seguros, acertados, serios y rigurosos de cuantos investigadores de lo artístico viven, trabajan y sienten lo de Granada y sus gentes, el profesor Eduardo Quesada Dorador; algo que la dota de una trascendencia especial y le da un carácter significativo como todo lo que llega de la mano de alguien que sabe muy bien lo que se debe hacer. Por eso, la exposición transita por los parámetros de un gran sentido museográfico, a la vez que de una sabia certeza historiográfica. 

La muestra se articula en dos espacios fundamentales de la gran Granada alhambreña: el Museo de Bellas Artes del Palacio de Carlos V y las salas rehabilitadas de la Fundación Rodríguez Acosta; lo cual supone comenzar a interesar sobremanera por esta elección de tan emblemáticos lugares; ubicación que tiene un eje central en el simpar bosque de la Alhambra donde se presenta, de forma permanente, el gran monumento que Juan Cristóbal realizara, entre 1917 y 1921, dedicado a Ángel Ganivet. Espacios expositivos que vienen a marcar la eterna vinculación del escultor y aquella Granada de la que él se sentía "uno de los mejores granadinos que hay". 

Entrar a relatar la vida de Juan Cristóbal es innecesario en este atrevido artículo. El comisario de la muestra lo hace exhaustiva y rigurosamente. Valoremos, pues, la obra y la significativa exposición que se presenta para bien de una Granada, ahora sí, cumplidora con uno de sus grandes artistas. Empecemos diciendo que la característica principal de la obra de Juan Cristóbal es su gran clasicismo. Entiéndase el término en toda su magnitud significativa. Se trata de la gran escultura atemporal, aquella que encierra la suma potestad creativa en todos sus máximos valores. Escultura planteada, de principio a fin, con rigor, exactitud compositiva, utilización adecuada de los elementos conformantes, criterio plástico en la distribución representativa, justificado desenlace ilustrativo y seguridad en el posicionamiento psicológico y concreto de los modelos. Todo un poderoso desarrollo técnico que permite una base sustentante firme, para, desde ella, poder plantear cualquier sistema escultórico con mucho carácter. Algo que Juan Cristóbal consigue ofreciéndonos un trabajo lleno de sentido y solvencia creativa. 

Las esculturas de este artista desentrañan las basas de la estética novecentista, con el realismo y el simbolismo principalmente, como coordenadas de una obra que mantiene la expectación de una escultura que ha bebido de las mejores fuentes. Su obra es compendio de un buen desarrollo escultórico: acertadísimo modelado, seguridad en la línea conformadora de la realidad, dibujo exquisito y exacto en la representación del modelo -no debemos olvidar que Juan Cristóbal fue, sobre todo y ante todo un gran retratista-; en definitiva, un escultor sabio que supo mantener y dignificar la estética que marcaban los intereses que le exigía la sociedad donde vivió y cuyos máximos artistas fueron sus compañeros de aventuras plásticas y existenciales. 

Muchas son las obras que se presentan en los espléndidamente escogidos espacios; muchos son los momentos de máxima trascendencia escultórica los que se pueden encontrar en esta exposición; muchas son las marcas creativas que se pueden contemplar en este escultor importante, de los más interesantes de la escultura española del último tercio del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Instantes supremos que van a quedar en el imaginario colectivo de una Granada que ha visto infinidad de veces el busto sereno y sencillo de Manuel de Falla o que ha pasado por delante del monumento a Ángel Ganivet, ese que mira embelesado al talante dominador de la fiera, camino de la Alhambra. Una exposición de un artista que ha tenido que estar mucho más cercano de lo que ha estado, pero que, ahora, se nos presenta en toda su magnitud de escultor sabio y poderoso, positivador de una realidad que no tenía vuelta de hoja y que él supo acomodar, en fondo y forma, a las exigencias artísticas de la Historia que le tocó vivir. 

Palacio de Carlos V y la Fundación Rodríguez-Acosta. Granada.

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