lunes, 8 de septiembre de 2014

Pobreza energética, a dos velas y con el abanico granadahoy.com

A. ASEN SIO GRANADA
El verano trae calor. Una realidad obvia, palmaria, machacona y contra la que, sin embargo, se puede luchar a golpe de aire acondicionado. Sin embargo, la pobreza energética obliga a más de cien mil familias granadinas a soportar la canícula a pelo. Ventiladores, abanicos y a esperar a que el verano deje paso al otoño, son los escasos recursos con los que estos 105.000 hogares afrontan los meses de julio, agosto y septiembre los rigores del calor inevitables en estas fechas. 

La pobreza energética es un concepto que surge a partir de la crisis económica. En su último informe sobre esta cuestión, Pobreza energética en España. Análisis de tendencias, la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) define este fenómeno como "la incapacidad de un hogar para pagar una cantidad mínima de servicios de la energía para satisfacer sus necesidades básicas domésticas, como mantener la vivienda en unas condiciones de climatización adecuadas para la salud". Evidentemente, es un fenómeno que se da en invierno, cuando las temperaturas bajan, pero también en verano, cuando el mercurio difícilmente baja de los 36 grados. En provincias como la de Granada, las enormes oscilaciones térmicas que se dan entre una estación y otra hacen que la situación sea más grave que en el norte peninsular, por ejemplo. 

El informe de la Asociación de Ciencias Ambientales -presentado el pasado mes de marzo con datos de 2012- indica que en el sur el porcentaje de familias que no puede mantener su hogar fresco en los meses de verano supera el 30%, mientras que la media nacional es del 25%. El hecho de que en el sur el porcentaje sea mayor no sólo se debe a que las temperaturas en Andalucía sean más altas en verano. También se apunta a las calidades de las viviendas y al nivel de renta familiar. 

En la provincia de Granada, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, existen 350.186 hogares (dato del año 2011), por lo que, si se aplica el porcentaje estimado por la ACA para Andalucía, unas 105.000 familias no pueden mantener durante estos meses sus casas dentro de una temperatura confortable, que se calcula en unos 25 grados. 

El mismo documento reconoce que este aspecto de la pobreza energética en verano está "poco estudiado" -instalar un aire acondicionado puede depender no sólo de cuestiones económicas- pero sí recoge la conexión que varios estudios han realizado entre olas de calor y el aumento de las muertes, que establecen una "evidencia epidemiológica sobre la relación entre mortalidad y confort térmico durante los meses de verano". 

Sin llegar tan lejos, la imposibilidad de mantener lo que se denomina "confort térmico" se interpreta como una de las consecuencias de la crisis que no sólo castiga a las familias vulnerables, sino a "muchos hogares", que han decidido "moderar su consumo en energía o, en el peor de los casos, reducir el uso de energía por debajo de los mínimos reconocidos como una necesidad básica por el conjunto de la sociedad". Su salud no se va a ver resentida por ello, pero, si pudieran, no pasarían calor. "Las situaciones de pobreza energética no sólo afectan a las decisiones de gasto del hogar, que tiene que debatir cómo distribuir sus ingresos entre todas las necesidades básicas del hogar, sino también a la calidad de vida", apostilla el documento publicado por la Asociación de Ciencias Ambientales. 

El mismo texto profundiza en que son los hogares con algún miembro en paro los que más probabilidades tienen de sufrir el calor sin más consuelo que el abanico. 

El informe de los ambientólogos no sólo señala el porcentaje de hogares que no pueden mantener un nivel de confort térmico. También analiza otra variable, la del gasto energético, para dilucidar cuántas personas sufren este tipo de pobreza. Desde 2007 el porcentaje de hogares con gastos "desproporcionados" -cuando la factura de la luz se 'come' más del 10% de los ingresos anuales de esa familia- en energía doméstica han aumentado "intensamente". En 2012, el 18% de los hogares andaluces sufrían este problema. A nivel nacional, el informe indica que el porcentaje sería del 17%, lo que supone que 7,4 millones de personas gastan más del 10% de lo que entra en sus casas al año a pagar los recibos de la luz y del gas de este total de familias con un gasto "desproporcionado" en energía para mantener una temperatura adecuada. Además, el 12% de estas familias se declara incapaz de lograrlo.

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