lunes, 3 de noviembre de 2014

Cuando Sorolla hizo las Américas granadahoy.com

La Fundación Mapfre de Madrid acoge hasta el próximo 11 de enero la muestra que recorre las obras del valenciano que encadilaron a coleccionistas de EEUU a principios del siglo XX
PATRICIA GODINO MADRID
"He oído a muchos artistas decir que ni siquiera Sargent podría igualar a Sorolla"

Tal era el éxito y los aplausos que se le acumulaban a Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 - Madrid, 1923) en Estados Unidos que uno de los más reputados críticos de arte en Nueva York a principios del siglo pasado no tuvo reparos en elogiar su trazo frente al del gran retratista estadounidense. Todos se rendían al "pintor de las mañanas luminosas". Así se le define en uno de los paneles del recorrido de Sorolla y Estados Unidos, la exposición que hasta el 11 de enero se puede visitar en la Fundación Mapfre de Madrid y que pretende plasmar la conquista americana del pintor español, cuyos grandes museos y coleccionistas privados adquirieron buena parte de las obras más representativas de su época de plenitud. 

Esta cita madrileña sucede a la recordada muestra itinerante Visiones de España, compuesta con fondos de la Hispanic Society, que visitó hace siete años, con enorme acogida de público, un puñado de museos españoles, entre ellos el Bellas Artes de Sevilla. Precisamente, la relación que Sorolla mantuvo con sus mecenas, en especial con Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, y con Thomas Fortune Ryan, es uno de los ejes sobre los que pivota este nuevo acercamiento al pintor valenciano en donde cobra un gran protagonismo la mirada sobre la alta burguesía neoyorquina y el encuentro con la gran urbe que lo descubrió cuando ya era uno de los grandes de la pintura española contemporánea. 

Los premios internacionales abonaron el camino hasta Nueva York. En 1900 obtuvo el Gran Prix en la Exposición Universal de París y a partir de 1906 realizó exposiciones individuales en París, Londres o Berlín. Muy pocos artistas españoles tenían la oportunidad de ver colgadas sus obras de galerías y centros de arte de otros países. Y Sorolla era uno de esos elegidos. 

Con motivo de la muestra londinense, Huntington, rico heredero y enamorado de la cultura española, conoció a Sorolla. Fundó en 1904 la Hispanic Society y consiguió organizar en 1909, en la sede de la fundación, la primera exposición del valenciano al otro lado del charco. Fue, ya se sabe, el principio de una bonita amistad. 

A esta muestra, visitada por cerca de 160.000 personas y en la que se vendieron más de 20.000 copias de su catálogo -números que dan la medida de la enorme repercusión conseguida-, les seguirían otras en Chicago, Buffalo, Boston o San Luis, también bajo el patrocinio de la Hispanic Society de Nueva York. El indiscutible impacto que el imaginario pictórico de Sorolla -playas bañadas por el sol mediterráneo, los jardines españoles y los elegantes retratos- tuvo entre los coleccionistas estadounidenses propició que Hungtinton le pidiera el ambicioso encargo de decorar la biblioteca de la la Hispanic Society con los 14 paneles de la serie Visiones de España. Son cuadros sobre las regiones españolas y la vistosidad de sus gentes, trajes, costumbres y paisajes tan apreciados en el mundo anglosajón. 

No en vano, la nómina de préstamos que conforman el catálogo de Sorolla y Estados Unidos, con obras procedentes de instituciones y colecciones privadas -Hispanic Society of America, Metropolitan Museum of Art, Brooklyn Museum, The Morgan Library de Nueva York; centros de arte de Boston, Chicago, San Luis, San Diego, Dallas Museo de Bellas Artes de Boston o el The J. Paul Getty Museum en Los Ángeles además del Museo Sorolla de Madrid- ilustra la fama que alcanzó el pintor español en su etapa norteamericana. 

Lo cierto es que en esa enorme acogida influyó decisivamente la labor de padrinazgo de mecenas como Thomas Fortune Ryan, cuyo retrato, fechado en 1913, es uno de los primeros que encuentra el visitante en la muestra. Entre otras pinturas, el coleccionista le encargó que realizara la gran serie de Colón zarpando desde el puerto de Palos rumbo a América. De uno de los capítulos más gloriosos de la historia española se muestran una decena de piezas, entre estudios y lienzos, en los que el duque de Vergara sirvió de modelo para pintar al descubridor genovés. 

Fortune Ryan se encargó de financiar el viaje que Sorolla hizo por los lugares colombinos así como por otros parajes andaluces donde cobran especial relevancia los jardines, como los del Alcázar de Sevilla o la Alhambra y el Generalife de Granada. Es ante estos paisajes donde el valenciano alcanza altas cotas de refinamiento en la plasmación de la luz -su sello indiscutible- gracias a la pincelada suelta que domina su obra. 

Así, en la selección que se puede ver ahora en Madrid ocupan un lugar destacado las escenas de las playas de su Valencia natal, aunque también aquellas de veraneo en el norte, especialmente en las costas de Zarautz y Biarritz. 

Desde que empezara a pintar al aire libre, sus cuadros se bañan en la luz del Mediterráneo con una maestría que rápidamente cautivó al público de Estados Unidos. Sorolla plasma en estos cuadros las dos caras del mar, por un lado el esfuerzo de los pescadores y el trabajo diario, y por otro la vitalidad, el optimismo y esa inabarcable felicidad de los niños que juegan en la orilla (en la muestra puede verse una amplísima representación de este último motivo, desde Corriendo por la playa, procedente del Bellas Artes de Oviedo, a Niños a la orilla del mar, propiedad del Philadelphia Museum of Art). Entre ambas perspectivas destaca el cuadro ¡Triste herencia!,protagonizado por un grupo de niños tullidos que se acercan al mar como terapia para sus males. El cuadro, premiado con el Grand Prix en 1900, fue comprado en 1981 por la Fundación Bancaja a la iglesia de la Asunción de Nueva York. 

El Sorolla de los temas al aire libre y la pintura al natural convive con el que sintió fascinación por los cuerpos en movimiento. Los halló en los cafés cantantes más populares de las capitales andaluzas y alcanzó una fidelidad exquisita en el inmenso Baile en el Café Novedades de Sevilla(propiedad de la colección del Banco Santander)Pinta en él la esencia española pero desde una perspectiva, una técnica y una seguridad artística del autor maduro y alejado del tipismo de postal de la época. Para entonces, 1914, ya es dueño de un estilo que ha sabido conectar con la sociedad estadounidense. 

Era esa la sociedad que le tocó retratar siguiendo la tradición de los maestros españoles que estudió en sus largas visitas al Museo del Prado. Fortune Ryan, Archer Huntington, Louis Comfort Tiffany, heredero de la célebre joyería y decenas de personalidades de la época, aparte de los retratos cargados de intimismo de su mujer Clotilde, reflejan lo mucho que caló su pintura en la clase alta de EEUU. 

A estos lienzos se suma un conjunto de pinturas y dibujos de pequeño formato que se pueden contemplar juntos con motivo de esta exposición y que supone una de las mayores aportaciones de esta iniciativa. 

"¿Que cuándo pinto?" Siempre. Estoy pintando ahora, mientras hablo con usted", le contestó en una ocasión a un periodista. Su necesidad de plasmar todo lo que veía, unas veces de forma pausada, otras de modo impulsivo, le llevaba a pintar sobre todos los soportes imaginables: sobre tabla, a lápiz sobre papel, en los reveses de las cartas de los menús en los restaurantes o incluso en los cartones de la lavandería del hotel Savoy de Nueva York que servían para doblar las camisas de los trajes de etiqueta. Recogió en estas piezas la ciudad que rugía, con sus coches, sus rascacielos y sus prisas, bajo la ventana de la habitación de su hotel en la Quinta Avenida, pintó las copas frondosas de Central Park, los tocados de las distinguidas señoras y la urgencia con la que se buscaban los amantes en la esquina más apartada del café... Obras menores que sin embargo fueron muy apreciadas -y compradas- por los coleccionistas. El Sorolla que hizo las Américas fue, dice la crítica, el más cosmopolita y libre.

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