martes, 21 de abril de 2015

"Goya y Dalí han hecho más por España que cualquier ministerio" granadahoy.com

El polifacético intelectual, que protagonizó ayer un encuentro con el poeta Andrés Neuman, defiende que los artistas son la imagen de un país.
G. CAPPA GRANADA
David Trueba protagonizó un encuentro con Andrés Neuman.

David Trueba es capaz de comenzar un columna de opinión hablando de las "chuminadas" del entrenador del FC Barcelona y, un párrafo después, conseguir hilar un homenaje a Xavier Vinader sin que nada chirríe. Antes de todo, cuando se sienta ante el ordenador o detrás de una cámara, su primera intención es no aburrir, algo que consiguió ayer con creces en su encuentro con Andrés Neuman en un acto organizado por el Consorcio Federico García Lorca. 

-En su novela 'Saber perder' tomó prestado de la realidad el caso de un jubilado que se gastó todo el dinero suyo y de su mujer en un prostíbulo en Barcelona. ¿Escribir una novela tiene también para usted un componente periodístico? 
-Sí, mi cara de periodista es muy importante en todo lo que hago porque hace que estés muy atento a las cosas de la vida real. Yo distingo perfectamente cuando utilizo algo para una novela, para una película o para una reportaje periodístico, aunque son géneros distintos porque el periodismo no permite la ficción, o al menos no debería permitirlo. Antes había menos comprobadores, ahora el periodismo tiene que ser muy fiel a los hechos porque todo el mundo tiene un abogado y hay mucho inquisidor en las redes que dice lo que lo es verdad y lo que no. En la literatura y en el cine nunca me ha gustado tratar elementos reales y plantearlos como la verdad, porque son géneros que trastocan la realidad de todo lo que tocan. La literatura y el cine se deben a una fabricación que se debe a un elemento más universal aún que la verdad, abordan asuntos particulares para tratar cosas universales. En cambio, el periodismo, cuando hace eso se equivoca, cuando dice que todos los banqueros son corruptos está cometiendo una falta periodística. La sociedad es la que tiene que sacar las conclusiones, el periodista tiene que señalar quiénes son los corruptos. 

-Está desacreditando de soslayo a todos esos programas de debate que se emiten en las televisiones los fines de semana... 
-Me parece muy poco periodístico tanta generalización, y lo digo incluso en el caso de gente que no me es especialmente grata, pero mientras no se encuentren pruebas contra ellos hay que defenderlos. 

-Está desmontando la campaña de Pablo Iglesias... 
-Decir que todos los políticos son unos corruptos se lo puede permitir uno en el bar, pero nunca en la esfera pública. Ha habido años que se ha maltratado desde muchas instancias al mundo del cine y se hizo una generalización brutal, pero yo siempre dije que estaba dispuesto a defender la particularidad. 

-¿Tiene algún proyecto cinematográfico en mente? 
-Tengo algo, aunque no me gusta mucho hablar de ello antes de que se concrete. 

-¿Partirá, como el profesor 'machadiano de 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', de alguna historia real? 
-Es curioso, todo parte de algo, a veces más conocido, pero en otras ocasiones son cosas que han ocurrido en tu esfera más cercana, siempre hay un proceso de apropiarte de la vida real. 

-El día que gane un Oscar los Trueba serán los hermanos Gasol del cine español... 
-En el cine es más difícil porque participan más países y, por desgracia, en los últimos años España tiene muy poca fuerza como país. No hay que olvidar que los Oscar son una gran plataforma comercial y España no tiene ahora la musculatura económica para estar ahí. España ha perdido su imagen exterior, una cosa que me preocupa mucho porque, al final del Franquismo, era un país que interesaba en el exterior por lo que tenía de ejemplo a muchas democracias nacientes. En cambio, ahora no hay una imagen exterior, no es un icono, aunque también es algo normal porque otros países han ocupado este lugar, sobre todo en el imaginario de los estadounidenses. 

-¿Nos hemos convertido en un país demasiado aséptico? 
-Es posible, la sociedad ha estado más acomodada y eso conlleva una pérdida de filo creativo. Pero es algo muy caprichoso, en España hemos tenido épocas de gran cercanía con Cuba en lo cultural o musical, en otras con Argentina y, quizás por capricho, se va cambiando y ahora toca lo brasileño. Quizás no es culpa del país, sino de cómo te lean fuera. Aunque no queramos reconocerlo, a largo plazo, a España se la conoce por sus artistas, lo más reconocible de un país, tanto la música como el cine, la literatura, la danza... Por España ha hecho más Goya o Dalí que cualquier ministerio con sus campañas promocionales. 

-¿El deporte ha sustituido a la cultura en cuanto a esa proyección en el exterior? 
-Ahora estamos en horas bajas, pero es un trabajo que se ha hecho desde las Olimpiadas del 92. Cuando un gobierno decide apostar por un sector siempre hay resultados. 

-Es curioso porque en EEUU se hacen muchas películas heroicas sobre el deporte y en España, cuando se trata este tema, se hace desde el esperpento. ¿Por qué cree que sucede esto? 
-Porque los españoles no somos tan ingenuos como los norteamericanos, nuestra cultura tiene mucho que ver con el humor centroeuropeo que se fija mucho más en los defectos y en nuestros tropezones que en los éxitos. La lectura norteamericana a veces es ingenua y escarba poco en los defectos de su país. Por eso se permiten mirar por encima del hombro a los demás, por el desconocimiento de la historia ajena. 

-En su columna diaria en 'El País', ¿cómo afronta días, como el de la detención de Rodrigo Rato, en el que sabe que todo el mundo va a escribir de lo mismo? 
-Desde finales de los noventa no he variado mucho en las dudas que me provocaba la euforia financiera española y de que todo el mundo se comprara casas y coches que no podía pagar. Pero cuando levantabas la voz eras un aguafiestas. Hace muchos años me echaron una bronca porque dije que percibía corrupción en los altos estamentos. Antes se asumía que el partido que ganaba las elecciones se quedaba con todo, y eso no es la democracia. 

-El canon de las series de prestigio lo marca la HBO, pero en 'Qué fue de Jorge Sanz' consiguió salirse de esta norma con un producto de calidad incuestionable. 
-Las series españolas tienen el problema porque hasta cuando hay un juicio se reproducen los juicios americanos. Lo que nosotros tenemos que hacer es retratar nuestro país y convertirlo en una imagen. 

-¿De ahí el éxito de 'Ocho apellidos vascos'? 
-Seguramente, no ha tenido miedo de hacer comedia con elementos muy autóctonos que no intentan imitar Resacón en Las Vegas

-Durante la gran crisis del cine español se hablaba de que no se había conseguido dar con un sello, con una factura concreta que conectara con los espectadores. Sin embargo, 'Ocho apellidos vascos' no puede ser más diferente de 'El Niño' o 'Soñar es fácil con los ojos cerrados'.... 
-Siempre ha sido un error decidir desde un despacho qué le gusta al público. 

-Recientemente habló en Cosmopoética sobre la relación entre cine y poesía. ¿Al final todo se reduce a una imagen? 
-Cuando estudié cine en EEUU, lo primero que nos recomendó el profesor fue que leyéramos poesía, porque ahí íbamos a encontrar la manera de cómo contar muchas cosas con una imagen. La poesía, cuando es buena, tiene la capacidad de, con una breve sugerencia, contar muchas cosas. La poesía es montaje y el cine juega mucho con la rima, cuando algo se menciona en dos ocasiones y tiene una resolución al final que genera un encantamiento.

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