jueves, 10 de diciembre de 2015

'Se puede ser evolucionista y a la vez creer en Dios' eltiempo

osé Funes, director del Observatorio Vaticano, habla del interés de la Iglesia por la astronomía

José Funes, director del observatorio desde el 2006, estudió astronomía en la Universidad de 
Foto: Guillermo Ossa / EL TIEMPO

El padre José Gabriel Funes es otro jesuita que puso a discutir a la Iglesia católica sobre temas como la visión científica del mundo. También es doctor en Astronomía y el director saliente del observatorio astronómico del Vaticano.
Funes plantea que la religión católica no tendría problema en aceptar los hallazgos de la ciencia, aunque estos incluyan la vida en otros planetas. Para él, los creyentes pueden seguir siendo creyentes.

Desde el 18 de septiembre trabaja en su natal Argentina en una misión en la Universidad Católica de Córdoba, donde empezará un nuevo desafío: un proyecto de búsqueda de vida en el universo, de otros mundos.
De pequeño quiso ser astrónomo cuando vio a Neil Armstrong pisar la luna por primera vez. Contó con la fortuna de que sus padres y la comunidad jesuita lo impulsaron en la vocación de la ciencia.
Visitó Colombia la semana pasada para participar en ‘Un horizonte para la paz: educación para el posconflicto’, de la Institución Universitaria Horizonte, curiosamente para hablar del diálogo entre la ciencia, la fe y la vida que ha experimentado en su carrera.
En entrevista con EL TIEMPO, el padre José Gabriel Funes afirma que en la etapa en la que se encuentra Colombia y el mundo es importante el diálogo interreligioso e interdisciplinario.
“Aunque el otro piense diferente, si busca también la verdad, se puede dialogar”, dice, resaltando que el diálogo no simboliza una total concordancia, pero se puede aprender de una persona que esté en desacuerdo, de un adversario, de un no creyente.
¿Cómo un hombre de ciencia llegó a encontrar la vocación en el sacerdocio?
A veces me preguntan si soy científico o soy un sacerdote. Mi respuesta es que soy jesuita. Esa es mi vocación, pero dentro de ella está la vocación específica de ser astrónomo.
Cuando tenía 14 años decidí que quería estudiar astronomía y después entré a estudiar la licenciatura en la Universidad de Córdoba. Cuando faltaba un año para terminar la carrera, quise hacer parte de la orden de los jesuitas. El padre Bergoglio -hoy papa Francisco- fue uno de los que evaluó si yo tenía las cualidades para ser un jesuita.
Ellos me enviaron a Roma, con la visión de que yo llegara a trabajar al Observatorio. Hice un doctorado en Astronomía en la Universidad de Padua y empecé a trabajar como astrónomo del Vaticano.
¿Sintió alguna contradicción de lo que leía en la Biblia con su trabajo?
No, ninguna contradicción. Yo nací y crecí en un entorno católico, un entorno que me apoyó en mi vocación científica. Pareciera que la Iglesia se opone al desarrollo científico, en parte es cierto, pero en parte no. En sus universidades la ciencia tiene su lugar. Esto no quita que en el pasado haya habido conflictos, Galileo Galilei es el caso emblemático. Pero en la actualidad hay posibilidad de diálogo.
¿Se considera evolucionista o creacionista?
La visión científica no compite con la visión religiosa. Uno puede saber, como astrónomo, que la evolución en el cosmos se puede probar. La evolución biológica es un hecho científico, pero esto no contradice la idea de un Dios creador, que de algún modo sostiene este proceso evolutivo. Se puede ser evolucionista y a la vez creer en Dios.
¿Y qué pasa con los dogmas de la Biblia, como el relato de Adán y Eva?
La Biblia no es un libro de ciencia, hay que poner en contexto su mensaje. Hay distintos relatos de creación, pero el Génesis intenta responder, en un lenguaje de tres mil años atrás, las grandes preguntas de la humanidad: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
Pero esto solo significa que dependemos de Dios en nuestro existir, que tiene un proyecto. Que “Dios vio que todo era bueno”, es decir, el cosmos es bueno, nosotros somos buenos –por naturaleza.
Esto implicaría que todo en el cosmos es bueno, incluyendo otros seres…
En esta perspectiva, si existiera vida y esta fuera inteligente, no habría dificultad para la fe católica aceptar la existencia de otro ser. Esto pone en duda la centralidad de la humanidad, el tema del pecado y la redención, incluso, la encarnación de Cristo. Son algunos de los temas que la ciencia pone a la teología, pero primero tenemos que ser pacientes y esperar los resultados de la ciencia.
Así como existe la ciencia ficción basada en ideas científicas (pero, hasta ahora, irreal), uno podría hablar de “teología ficción”, con la posibilidad de especular qué significaría encontrar otro tipo de vida para la religión católica.
¿Qué les dice a quienes sienten que la ciencia contradice a la religión?
A los creyentes les diría que no hay que temerle a la ciencia. No hay nada mejor para la religión que la buena ciencia. La educación en todos los niveles nos ayuda a combatir el fundamentalismo religioso, que es uno de los males de hoy.
La ciencia, como parte de la educación, nos ayuda a mejorar las condiciones de vida, y esto es una oportunidad. Pero también se convierte en una obligación, en cuanto que la ciencia y su método ayudan a formar un pensamiento crítico, que la gente piense por sí misma.
El “peligro” de lo científico es cuando da una visión unívoca de la realidad, y la realidad que vivimos no puede reducirse solo a la ciencia, porque la cultura y la religión también son reales y definen al ser humano.
Laura Bayer Yepes
Escuela EL TIEMPO

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