domingo, 14 de enero de 2018

La teoría de las ventanas rotas elhuffingtonpost

ETTY IMAGES/EYEEM
En 1969 el profesor de la Universidad de Standford, Philip Zimbardo, realizó el siguiente experimento.
En primer lugar abandonó un coche sin placas de matrícula y dejándolo abierto en el Bronx, en Neva York. Al poco rato empezaron los hurtos y en apenas tres días el vehículo se encontraba ya sin nada de valor.
Zimbardo procedió a dejar otro coche en condiciones similares, pero esta vez en Palo Alto, California, un barrio más rico y teóricamente menos conflictivo.
Lo cierto es que el segundo coche permaneció intacto durante algunas semanas. Finalmente Zimbardo se decidió a golpear con un martillo el vehículo para hacer evidente que se encontraba abandonado. Al poco tiempo el segundo coche recibió la misma suerte que el que había sido "abandonado" en el Bronx.
Esta situación responde al contagio que producen las "conductas delictivas"
Este experimento inspiró a los politólogosWilson y Kelling a desarrollar "La teoría de los cristales rotos". Esta teoría consiste en una sencilla observación: cuando un edificio abandonado tiene todas sus ventanas intactas, éste puede conservarlas durante mucho tiempo, pero, en el momento en el que alguien rompe una de ellas, si esta no se repara con celeridad, no tardarán en aparecer quienes rompan a pedradas el resto de las ventanas. Lo mismo ocurre con las pintadas en los muros.
Esta situación responde al contagio que producen las "conductas delictivas", cuando intuimos que un "bien" está abandonado no solemos tener reparo en dañarlo sin miramientos, por contra aquellos objetos que se encuentran en buen estado los respetamos mucho más.
Es por esto que las ciudades que descuidan algunos barrios los están condenando al bandalismo, mientras mantienen en perfecto estado y libres de delincuencia otros.
A la hora de darse el bandalismo importa más el estado del lugar que las personas que en él habitan.

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